Investigan grasas del aceite de oliva virgen y de otros alimentos para prevenir enfermedades cardiovasculares

13/nov/2013 | UCOcompartir noticiaimprimir

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Estas grasas regulan la presión arterial, ayudan a controlar el peso corporal y pueden afectar a distintas hormonas relacionadas con el desarrollo de enfermedades concretas

Conocer y entender estos mecanismos abre un abanico de posibilidades para la investigación.

Conocer y entender estos mecanismos abre un abanico de posibilidades para la investigación.

¿Hasta qué punto nos afecta lo que comemos? Esta es la pregunta que se plantea la investigadora Isabel Prieto, responsable del grupo de investigación Neuroendocrinología y Nutrición, de la Universidad de Jaén y vinculado al Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario (ceiA3), que estudia cómo los nutrientes alteran al funcionamiento del organismo. El equipo analiza el efecto que tienen diversas grasas, entre ellas la del aceite de oliva, sobre algunos mecanismos de regulación nerviosa y hormonal.

“Una cosa es saber que ciertos alimentos son buenos para prevenir una determinada patología, y otra muy distinta es demostrarlo científicamente”, subraya la investigadora. En este sentido, el grupo del ceiA3 estudia cómo distintos ácidos grasos afectan a enzimas que intervienen en los mecanismos de regulación de la presión arterial, de la ingesta de alimentos y de control del peso corporal. Todo ello con el objetivo de conocer a fondo las razones que hacen que el aceite de oliva sea especialmente recomendable para personas que padecen o que tienen el riesgo de padecer hipertensión, diabetes, obesidad o síndrome metabólico.

“La cantidad y el tipo de grasa que ingerimos con la alimentación no sólo afecta a nuestro peso, sino que afecta al funcionamiento de todo nuestro organismo”, señala Isabel Prieto, quien añade que “las grasas que tomamos con la dieta pueden modificar la composición de las membranas celulares, e incluso alterar el funcionamiento de nuestro cerebro”. Y es que hay tipos de grasas que pueden afectar a la actividad de determinadas enzimas y conseguir que no se desarrollen enfermedades concretas en el organismo.

La investigadora destaca que es vital conocer la evidencia científica que corrobora los beneficios para la salud que tienen determinados nutrientes. “Hay que demostrar científicamente estas ventajas para que así estos alimentos puedan etiquetarse con aquellos efectos saludables concretos y específicos que tienen”, detalla.

En una línea de investigación paralela, y en colaboración con el grupo Microbiología de los alimentos y del medioambiente, este equipo también analiza cómo el efecto de estos nutrientes puede llevarse a cabo no sólo directamente, sino también a través de modificaciones en la microbiota intestinal, es decir el conjunto de microorganismos que pueblan el aparato digestivo. “Es fascinante comprobar cómo los alimentos afectan al equilibrio de estas poblaciones microbianas, y cómo esos cambios alteran el funcionamiento de nuestro organismo”.

De esta manera, conocer y entender estos mecanismos abre un abanico de posibilidades para la investigación, y en especial para el campo de la nutrición. Y es que las dietas personalizadas son una herramienta cada vez más eficaz para prevenir o detener el desarrollo de enfermedades crónicas, como la hipertensión o la diabetes. “Para ello es vital conocer el papel concreto que juegan los distintos tipos de nutrientes, y ese es un apasionante camino que apenas acabamos de comenzar”, concluye la experta.

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